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PNL aplicada al aprendizaje

Aplicaciones en Educación y Aprendizaje por Seymour y O’cconnor
Aprender, desaprender y reaprender

Aunque de una manera consciente sólo seamos capaces de tomar una cantidad muy pequeña de la información que nos ofrece el mundo, advertimos y respondemos a una cantidad mucho mayor sin darnos cuenta.
Nuestra parte consciente es muy limitada y parece ser capaz de seguir un máximo de siete variables o trozos de información al mismo tiempo. Esta idea fue esbozada por el psicólogo estadounidense George Miller en
1956 en un artículo clásico titulado The Magic Number Seven, Plus or Minus Two (El número mágico “siete”, más o menos dos). Estos trozos de información no tienen un tamaño fijo, y pueden consistir en cualquier cosa,
desde conducir un coche hasta mirar por el espejo retrovisor. Una forma de aprender es mediante el dominio consciente de pequeños trozos de comportamiento que, combinándolos en cadenas más y más largas, se
convierten en habituales e inconscientes. Construimos hábitos y así nos liberamos para poder advertir otras cosas.
De modo que nuestra parte consciente está limitada a siete, más o menos dos, trozos de información, ya sea del mundo interior de nuestros pensamientos o del mundo exterior. Nuestro inconsciente, por el contrario, lo
constituyen todos los procesos vitales de nuestro cuerpo, todo lo que hemos aprendido, nuestras experiencias pasadas, y todo lo que podríamos advertir en el momento presente, aunque no lo hagamos. El inconsciente es más
listo, es al menos el doble de rápido, que el consciente. La idea de ser capaz de entender un mundo infinitamente complejo con una parte consciente que sólo puede abarcar siete trozos de información a la vez es, por supuesto,
ridícula. 
La noción de consciente e inconsciente es fundamental en este modelo de cómo aprendemos. En la PNL, una cosa es consciente, cuando nos damos cuenta de ella en el momento presente, como esta frase lo es ahora. Una
cosa será inconsciente cuando no nos enteramos de ella en el momento presente. Los sonidos de fondo que usted pueda oír ahora, permanecían probablemente inconscientes hasta que leyó esta frase. La memoria de su
primera visión de la nieve está probablemente fuera del alcance de su conocimiento consciente. Si usted ha ayudado alguna vez a un niño a aprender a andar en bicicleta, habrá advertido lo inconsciente que esta
habilidad se ha vuelto en usted. El proceso de transformación de su última comida en pelo y uñas permanecerá, con toda probabilidad, inconsciente para siempre. Vivimos en una cultura que cree que la mayor parte de todo lo
que hacemos lo hacemos de forma consciente y, sin embargo, la mayor parte de lo que hacemos, y lo que hacemos mejor, lo hacemos de forma inconsciente.
El punto de vista tradicional sobre aprendizaje, sostiene que aprender algo se divide en cuatro etapas. Primero está la incompetencia inconsciente; usted no solamente no sabe hacer algo, sino que no sabe que no sabe. Por ejemplo, si nunca ha conducido un coche, usted no tiene idea de lo que es.
Así que usted empieza a aprender. Muy pronto descubre sus limitaciones; ha recibido unas clases y se fija de forma consciente en todos los instrumentos, en el volante, en coordinar el embrague y en mirar la carretera. Requiere toda su atención; todavía no es usted competente y se mantiene en las calles secundarias. Esta es la etapa de incompetencia consciente, cuando fuerza las marchas, no domina el volante y da sustos de muerte a los ciclistas. Aunque esta etapa es muy incómoda (especialmente para los ciclistas), es el  momento en que más se aprende. Esto le lleva a la etapa de competencia consciente. Usted puede conducir el automóvil, pero requiere toda su atención; ha aprendido la habilidad, pero todavía no la domina. Finalmente, y es la finalidad del esfuerzo, tenemos la competencia inconsciente. Todos esos pequeños patrones que ha aprendido de forma tan concienzuda, se armonizan en una suave unidad de conducta. Ahora ya puede escuchar la radio, disfrutar del paisaje y mantener una conversación al mismo tiempo que conduce. Su parte consciente fija el objetivo y lo deja al inconsciente para que lo lleve a cabo, liberando su atención para otras cosas.
Si usted practica algo el tiempo suficiente, alcanzará esta cuarta etapa y creará hábitos. En este punto la habilidad se ha convertido en inconsciente. Sin embargo, los hábitos pueden no ser los más efectivos para realizar esa tarea; nuestros filtros pueden habernos hecho perder alguna información importante en nuestro camino hacia la competencia inconsciente. Supongamos que usted es un jugador pasable de tenis y quiere mejorar. El entrenador lo habrá estado observando y empezará a pedirle que cambie cosas como el juego de piernas, la forma de sostener la raqueta y la forma en que la mueve. En otras palabras, habrá tomado lo que para usted era una
sola pieza de conducta (como pegar un drive), lo habrá desmenuzado en algunos de sus componentes y lo reconstruirá de forma que usted pueda mejorar su drive. Usted dará marcha atrás en las etapas de
aprendizaje hasta la incompetencia consciente y tendrá que desaprender antes de reaprender. La única razón para esto es la de construir nuevas opciones, modelos más eficaces.
Lo mismo pasa en el aprendizaje de la PNL. Nosotros ya tenemos habilidades comunicativas y de aprendizaje. La PNL le ofrece depurar sus habilidades y le da más opciones y más flexibilidad para usarlas.

Las cuatro etapas del aprendizaje tradicional son:
1. Incompetencia inconsciente
2. Incompetencia consciente
3. Competencia consciente
4. Competencia inconsciente

Aprender será ir del número 1 al 3.
Desaprender es ir del número 4 al 2.
Generar un hábito será ir del 3 al 4.
Reaprender es ir del número 2 al 4 con más opciones.

El aprendizaje como creación/imitación de modelos, lo inverso al modelo tradicional. En tanto seres humanos, todos tenemos disposiciones naturales para aprender. Para muchos, este proceso se vuelve más lento con la edad. Para otros, el aprendizaje continúa incólume, sin disminuir durante toda la vida.
Cuando crecemos, aprendemos solos a caminar y a hablar estando con personas que hacen estas cosas. Día a día, realizamos actos (intentamos dar nuestros primeros pasos), comprobamos nuestros resultados (las continuas
caídas), y según esto, modificamos o cambiamos los actos (nos apoyamos en sillas y en seres humanos). En pocas palabras, esto es aprender mediante la imitación de Modelos. A medida que nos hacemos mayores, tendemos a interpretar este proceso natural de aprendizaje como una serie de pequeños «éxitos» y «fracasos». Con la colaboración forzadora de  nuestros padres y compañeros, empezamos a anhelar los «éxitos» y temer
los «fracasos». Parece que debido a este miedo a «hacer mal las cosas», más que por cualquier otro motivo, aprendemos a inhibir nuestros procesos naturales de aprendizaje. Mark Twain dijo una vez que si la
gente aprendiera a caminar y hablar de la misma forma como le enseñaron a leer y escribir, todos seríamos cojos y tartamudos. 
¿Cuáles son, entonces, las diferencias entre la forma como aprendemos naturalmente y las formas que no funcionan tan bien? Puede ser útil comparar este proceso natural con los primeros estudios sobre la
creación de modelos que realizaron John y Richard.

Cómo comenzó la creación de modelos de la PNL
Cuando John Grinder y Richard Bandler se conocieron y trabaron amistad en la Universidad de California en Santa Cruz, en 1972, John era profesor de Lingüística, y Richard cursaba su último curso de psicología en la misma Facultad. Richard estaba muy interesado en la terapia Gestalt. Había realizado un estudio y grabado algunos videos de Fritz Perls en sus sesiones de trabajo, para su amigo Bob Spitzer, propietario de la editorial Science and Behaviour Books (Libros sobre ciencia y comportamiento). Posteriormente este material sirvió de base para un libro titulado Eyewitness to Therapy (Testigo ocular de una terapia).
Bob Spitzer tenía unas propiedades cerca de Santa Cruz, que solía alquilar a  sus amigos. En aquella época estaba viviendo allí Gregory Bateson, y Richard se fue a vivir a una casa vecina dentro del mismo vecindario. Richard
comenzó a dirigir sesiones semanales de Gestalt, cobrando cinco dólares por noche a cada participante. Se puso de nuevo en contacto con John Grinder, y lo interesó lo suficiente en la Gestalt como para decidirse a participar en
estos grupos. 
Cuando llegó John, se sintió fascinado. Richard sabía que era capaz de dirigir con éxito grupos de Gestalt, pero quería saber exactamente cómo lo hacía y cuáles modelos eran eficaces. Hay una gran diferencia entre tener una
habilidad y saber explícitamente cómo se tiene éxito con ella. John y Richard hicieron un trato: Richard enseñaría a John cómo realizaba la terapia Gestalt, y John enseñaría a Richard qué era lo que estaba haciendo. De
modo que John iba a las sesiones del lunes por la noche y observaba a Richard; Richard, a su vez, indicaba lo que creía eran modelos importantes mediante diferentes entonaciones de la voz o movimientos de los ojos.
John aprendió muy pronto; le llevó dos meses develar los modelos que usaba Richard y, al mismo tiempo, ser capaz de imitarlos. John llevó lo que llaman un grupo de «repetición de milagros» los jueves por la noche. La gente conseguía con John los mismos milagros en sus vidas los jueves por la noche que otros habían conseguido los lunes con Richard. 
Richard se dedicó entonces a observar y grabar en video un curso de formación de un mes de duración a cargo de Virginia Satir en Canadá para terapeutas de familia. Richard ya conocía a Virginia y habían entablado cierta
amistad. Durante el programa,  Richard estaba aislado en su pequeña sala de grabación, unido solamente por los micrófonos que estaban en la sala de clase.
Tenía auriculares separados; mientras con el de una oreja atendía los niveles de grabación, con el otro escuchaba música de Pink Floyd. En la última semana Virginia propuso una Situación y preguntó a los participantes cómo podían tratarla según el material que ella les había dado durante el cursillo. Los asistentes parecían atascados; Richard irrumpió en la clase y Solucionó el problema con éxito. Virginia dijo: «Esto es exactamente ». Richard se encontró en la extraña situación de saber más sobre los modelos terapéuticos de Virginia que cualquier otra persona sin haber tratado conscientemente de aprenderlos. John había dado forma a algunos modelos de Virginia Satir a través de Richard y los había explicitado. La eficacia de ambos Iba en aumento; esta vez lo hicieron en
tres semanas en vez de emplear dos meses.
Ahora tenían una doble descripción de una terapia efectiva; dos modelos complementarios y contrastables: el de Virginia Satir y el de Fritz Perls. El hecho de que fueran científicos, totalmente distintos y el hecho de que no
hubieran compartido amigablemente la misma habitación los convertía en ejemplos especialmente valiosos. Las pautas terapéuticas que tenían en común estaban mucho más claras porque sus estilos personales eran
completamente diferentes. 
Continuaron su trabajo e imitaron los modelos de Milton Erickson, incorporando una rica colección de modelos hipnóticos. El proceso de crearse modelos imitando las habilidades de personalidades famosas en negocios, educación, salud, etc. es extraordinariamente productivo, y ha crecido con rapidez tanto en los campos abarcados como en su perfeccionamiento desde los primeros días.