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PNL Y LIBERTAD

La PNL nació gracias a las investigaciones de dos jóvenes estadounidenses, Richard Bandler y John Grinder, que deseaban averiguar por qué los tratamientos de los tres terapeutas de mayor éxito en Estados Unidos, Satir,
Erickson y Perls, alcanzaban un grado de eficacia mayor que el de todos sus restantes colegas. Tras una observación sistemática, comprobaron que la clave del éxito residía en el empleo de unos procedimientos y unos patrones de comunicación específicos. Basándose en dichas estrategias, Bandler y Grinder elaboraron un sistema cuya eficiencia ha podido contrastarse a lo Largo de estos años, como sistema genérico de aprendizaje o como terapia.
Lo denominaron Programación Neurolingüística o PNL. Mediante la PNL los procesos de aprendizaje se tornan sumamente eficaces. Sus creadores están convencidos que todo puede aprenderse mediante su sistema: superar el miedo a los exámenes, dejar el hábito de fumar, auto motivarse, cobrar confianza en uno mismo, alcanzar el éxito
profesional, tener relaciones amorosas placenteras, etc. Su gran eficacia se pone de relieve igualmente en el reducido periodo de tiempo que requiere su aprendizaje. En ocasiones puede bastar un solo ejercicio para lograr el
objetivo. Un tratamiento aplicado por un terapeuta formado en las técnicas de la PNL logra en pocas sesiones lo que otros sistemas sólo consiguen al cabo de largos años.
La experiencia subjetiva persuade más fácilmente de la eficiencia de la PNL que cualquier explicación racional. Este es el motivo de que esta estrategia de aprendizaje se impusiera en primer lugar en el ámbito del
perfeccionamiento profesional. Inicialmente, los cursos de PNL fueron concebidos para formar a profesionales de la pedagogía y la psicología, pero fue en el mundo económico, sobre todo en el terreno de la formación y el
perfeccionamiento de directivos, donde consiguieron implantarse rápida y profusamente.
El sector académico, en cambio, sigue manteniendo aún una actitud escéptica, probablemente porque hasta ahora no existe ninguna «teoría» de la PNL. Sus estrategias prácticas de aprendizaje son más bien modelos, como en el caso de las Ciencias Económicas y las explicaciones que se ofrecen acerca de su funcionamiento no son más
que hipótesis de carácter pragmático. A los ojos del gremio académico y científico, el hecho de que puede aplicarse directamente y tenga tanta utilidad económica, la coloca en un lugar de escepticismo. Por si esto
fuera poco, el tiempo que se requiere para llevar a cabo un proceso de  cambio, sea individual o en un grupo, es muy corto, lo cual le genera a los académicos una fuerte curiosidad.
El sector económico de nuestra sociedad, por el contrario, precisa urgentemente de las aptitudes y capacidades que pueden desarrollarse a través de la PNL. Las empresas que deseen seguir siendo competitivas en
este presente, necesitan que sus empleados (una mezcla de generaciones, con prevalencia de la generación de Millennials) sean personas dotadas de amplios conocimientos, capaces de manejar su propio comportamiento y
emociones (inteligencia emocional) adaptándose al contexto social y capaces de gozar del reto que supone cumplir funciones siempre cambiantes. Para dirigir a grupos de personas ya no sirve el estilo directivo tradicional, ni
tampoco las habituales prácticas cooperativas. Los superiores de tales empleados independientes, multifacéticos, creativos y comprometidos, deben ser capaces de crear las condiciones, las estructuras, el ambiente y
las interrelaciones propicias para que éstos puedan desarrollarse y desplegar todo su potencial. Esto significa que los directivos han de ser ellos mismos seres humanos bien estructurados, equilibrados, comunicativos y sensibles, y que sus conductas y formas de autoexpresión han de ser adecuadas y congruentes.
Semejantes aptitudes no pueden adquirirse pretendiendo cultivar sólo  algunas habilidades lingüísticas y sociales, tal como se apunta en abundantes cursos de formación para ejecutivos.
La autenticidad de la propia expresión sólo la consiguen quienes trabajan sobre sí mismos, quienes aspiran a equilibrar de un modo satisfactorio su propia imagen con los condicionamientos sociales. Se trata de una labor que implica a la totalidad del individuo, de una tarea cuyos objetivos deben encuadrarse en un objetivo de mayor amplitud. 
La PNL viene justamente a facilitar dicho desarrollo personal. La creciente difusión de la PNL no se detendrá a las puertas de las universidades. La PNL es una herramienta idónea para fomentar el crecimiento personal e individual, lo que no podrá ser ignorado ni siquiera por aquellos representantes del gremio académico que consideran imprescindible que la investigación y la enseñanza universitarias, sean elementales para la
formación de las personas. La PNL permite dar un paso adelante en el camino de la libertad humana, y
esto, hasta hoy, ha sido un progreso casi imposible. Vivir en libertad ha sido, y sigue siendo, la meta de numerosas luchas y de grandes esfuerzos.
Desde que existen las personas, los miembros de las sociedades humanas han invertido gran parte de su energía vital en superar las dependencias. La historia del ser humano es la historia de la lucha por la libertad; la
historia de cada individuo es un intento de convertirse en un ser independiente. Aún hoy, todos dependemos de nuestra familia en la medida en que, desde el comienzo mismo de nuestra peripecia vital, marca nuestra
personalidad, se encarga de nuestra educación y decide qué formación hemos de recibir. El psicoanálisis, que sruiǵó a principios del siglo XX, contribuyó decisivamente a la liberación de los individuos, revelándonos que
son las fuerzas instintivas las que, de manera esencialmente inconsciente, controlan nuestros actos conscientes. El programa psicoanalítico se propone liberar al sujeto de esas fuerzas inconscientes que limitan sus actos y sus
vivencias. Sus inconvenientes residen en su larga duración, su elevado costo y en la paradoja que supone depender, aunque sea de una forma temporal, del terapeuta que nos ayuda a ampliar nuestra libertad personal. Estas son las razones de que en Europa únicamente las personas aquejadas de graves
problemas psíquicos recurran a la opción psicoanalítica.
La PNL ofrece algo diferente ya que no sólo nos permite convertirnos en  aquél que podríamos ser, sino incluso en aquél que deseamos ser. La PNL es un instrumento adecuado para transformar aquellas situaciones vitales
que marcaron profundamente nuestra identidad durante nuestra primera infancia o nuestra juventud, esto es, para reescribir la historia de nuestra vida, o dicho con más propiedad: para revivir de una manera diferente,
determinados episodios de nuestra existencia. Damos por descontado que nuestros deseos no siempre requieren cambios tan profundos, pero cuando se da el caso, el hecho de revivir la situación traumática mediante la guía de
un profesional de la PNL, nos permite obtener conclusiones distintas, capaces de cambiar nuestra vida futura. Desde esta óptica, es evidente que la PNL constituye un paso adelante en el desarrollo de la libertad
del individuo, un paso bastante más avanzado que el que nos ofrecen otros programas orientados hacia el crecimiento personal, como por ejemplo, el psicoanálisis.
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